Prostitutas en el quijote esclava para hombre

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Todos son antros donde el sexo es lo que vende. En otros bares ni a Rosemberg le permiten entrar, y ya ha habido intentos de linchamiento contra periodistas que han querido filmar las zonas de tolerancia. Por eso es tan importante hablar con las chicas de Calipso, porque ellas ayudan a entender sobre el terreno este mundo donde la trata es un fantasma. En Calipso hay otras dos mesas llenas. En una de ellas, los hombres ya bailan con dos ficheras, y las alitas de pollo y trocitos de carne son despachados con prisa desde la barra.

Afuera es una calle de tierra que se dirige hacia otro antro. Un eufemismo para llamar al complejo de cuartos donde las prostitutas llevan a sus clientes. O sea, que yo soy de Honduras, pero soy de esa gente que no tiene papeles pues. Nunca tuve un acta de nacimiento. O sea, como si uno fuera un animal. De esclava, como dice ella. Llora y rechina los dientes con rabia. Al lado se estaciona una camioneta.

Le dije que era de su hijo. Y volver a empezar fue volver a la limosna, a la basura, a las esquinas. Incluso entre ellas la trata es un fantasma. Yo no soy pendeja. Solo un tiempo de comida les daban. Te llevan a venderte, pues. El camino es duro, y los momentos para la ternura son escasos. Flores tiene un nombre para esto: Aquellos cuando dentro del antro cerraba el trato con el cliente con el que fichaba, y se iban al motel de enfrente durante media hora.

Aspira con fuerza el cigarrillo mientras mira a la nada, como si cambiara de registro para volver de un pasado de ignorancia a un presente de costumbre. Otro grupo de hombres regordetes ha llegado al centro botanero a ocupar otra mesa.

Keny entrega lo que lleva en una bandeja a una de las mesas, y la administradora la intercepta. Esto no ocurre en todos los lugares. Calipso, dentro de lo que cabe, es un buen sitio para trabajar. Si quieren hablar, hablan. Si quieren ocuparse, se ocupan. La respuesta de la chica fue la de una persona bajo vigilancia. La voz de Keny es un susurro. Por ejemplo, cuando dice: Se fue para arriba. De antro en antro en antro. Hay quienes te golpean. Me ha pasado que ya estando en el cuarto se comienzan a poner agresivos, y una a veces se niega, y ellos empiezan con los golpes.

Ahora solo me quedo con la bailada, las fichas, la bebida. Mi hermana lo sospecha. Cree que soy mesera, no saben que bailo, que he llegado a ocuparme. Mi familia no puede enterarse de esto. Que les descubran su mentira. Flores lo explica con otro ejemplo, con una amenaza que circula en estos bares: He escuchado comentarios de mujeres que las venden, pero cuando ya ven el lugar, se quedan.

La autoridad, que antes residía en un solo hombre, se divide y subdivide al nacimiento de la aristocracia: El trono, combatiendo a la aristocracia, no puede oprimir sosegadamente al pueblo, y poco a poco se va quebrantando su fuerza; a los nobles les sucede lo mismo. Estos pierden la autoridad antes que el rey; pero a la postre, ambas instituciones tienen que rendirse a la soberanía de la nación.

Aquí se sobrepone la literatura al simbolismo. Cardenio refiere las vicisitudes porque pasó la aristocracia. Fernando , dejando para otro lugar el mayor, que es el religioso. En los primeros tiempos la aristocracia y el rey son buenos amigos. A Cardenio le satisface su Luscinda, y a D. Fernando la patria real, una labradora llamada Dorotea, vasalla del poder absoluto, y a quien goza el rey con título de esposo.

Juntas la aristocracia y la monarquía van a la ciudad del califato en pos de los brillantes destinos ya se sabe que los caballos representan esto. En tal ocasión el poder real se enamora de la Luscinda; y despreciando a la patria, después de haber gozado sus tesoros, quiere poseer toda la autoridad, sin compartirla con Cardenio. Al oírlo exclama Don Quijote: Esta inopinada salida de un loco hace reír a los lectores; pero en el fondo de la alegoría causa admiración ver cómo Cervantes enlazaba las ideas sin dejar rastro en la superficie.

En efecto, el loco asiente a las palabras de Don Quijote. Sus tiros van principalmente contra Isabel la Católica, en cuyo reinado, como ya dijimos al hablar de D. Sin duda alguna se trata de Isabel la Católica y del Cardenal Cisneros Sin duda en su tiempo se murmuró de estos dos celebérrimos personajes, y aun creemos haberlo leído así en algunas historias.

Y muchos piensan que hay tocinos, y no hay estacas. Antes había ido Cardenio contra Fernando el Católico; ahora va contra su esposa Isabel y contra el Regente del reino: Cervantes, como todos los que se inspiran en lo ideal, no zahiere a las personas: Al defender a la reina contra la calumnia, luchaba en pro de la justicia. Por esto dice también: Aquí lo trata en forma diferente. Cervantes aprovecha la ocasión para reflejar una de tantas guerras civiles como han fraguado los reyes.

Cardenio y Don Quijote, proceden de la aristocracia: No obstante, riñen y se maltratan por la honra o la deshonra de la majestad. Que es recia cosa, y que no se puede llevar en paciencia, andar buscando aventuras toda la vida, y no hallar sino coces y manteamientos, candilazos y puñadas; y con todo esto nos hemos de coser la boca, sin osar decir lo que el hombre tiene en su corazón, como si fuera mudo.

Estas palabras y las que anteceden quejas son naturalísimas, que arrancaba al viejo soldado de Lepanto, la opresión del pensamiento en aquella época desdichada. A esto se refiere el permiso de Don Quijote: Sancho quiere hablar no por dar gusto a la lengua, sino por ilustrarse escuchando a su caudillo.

Otra cosa fuera si hablasen los animales, como en tiempo de Guisopete, porque entonces reflexionaría, hablaría consigo mismo, esto es, con su jumento El héroe censura esta murmuración contra personas, y dice al pueblo que siga sus huellas, las del ideal, cuyas reglas sabe Don Quijote, mejor que todos los caballeros del mundo.

La misma pregunta podrían hacerse los lectores del Ingenioso Hidalgo. Y hallarían la contestación en estas palabras de Cervantes: Pero entiéndase que pinta a Carlos V no como fue, sino como había de ser, para dejar ejemplo de sus virtudes a los venideros hombres. Esto es, que la situación del sabio coincide con la del Emperador en pobreza, no en poder.

Con esta imagen, inicia un tema que desarrolla en la aventura de la princesa Micomicona. Angélica es la religión cristiana, que en la época de Cervantes descendió al nivel del mahometismo, por su barbarie: Esta es la vileza que Angélica cometió con Medoro.

Cervantes no era jefe de un Estado, como Carlos V; pero amaba a su patria lo bastante para sentir sus males y tratar de remediarlos. Esta era la fineza de su negocio. No pudiendo regenerar a España, a causa de su mísera condición social, se retira a la Peña Pobre: Indudablemente, los sentimientos de este capítulo nacieron en la cautividad de Argel, juntos con aquellos proyectos de libertad, verdadera quijotada, que frustraron los malignos encantadores.

La bacía, o corona de los reyes, sí la lleva; pero es para hacerse en ella la barba. Cervantes advierte al pueblo que si la corona parece una bacía de barbero, es por culpa de los opresores. En esta ocasión no le sirve a Cervantes el yelmo ni otra clase de armas. Sancho añade a esto: Señalando así la diferencia que hay del vulgo al redentor.

Por otra parte, la pérdida del rucio y la libertad del caballo de Don Quijote eran necesarias para dar a Sancho la representación del héroe. También se refiere al Quijote: Sancho dice que deja a su caudillo en el purgatorio, y Don Quijote añade: Al mismo tiempo da a entender que Cervantes tenía esperanza de redención. Don Quijote lo escribe en un libro de memorias.

La había llevado en la memoria, en el libro de memorias. La verdad de esencia es que Cervantes, como todos los héroes, fía a la memoria del pueblo sus hechos hazañosos para que éste los transmita a la patria. Vengamos a otro punto. Dice Don Quijote a Sancho: Natural era que antes tropezara Sancho con sacristanes o curas que con maestros, en gran minoría respecto de los otros por aquella desventurada época; y en este supuesto naturalísimo hubiera sido que Cervantes dijera: Cervantes ya sabía que quien había de enterarse primero de la carta era el cura: En el mismo libro de memorias va inserta la cédula de los pollinos; para que no se tache al autor de desmemoriado.

La nación española no sabía leer ni escribir, ni había reparado en Cervantes Aquí se considera a la patria en sus dos aspectos, ideal y real. Asómbrase el pueblo al saber que Dulcinea es la misma patria que él conoce y admira a su modo.

Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen, estuviese ella rastrillando lino o trillando en las eras Para lo que quería Don Quijote a España, tan grande y digna era como la mejor del mundo; queríala para regenerarla, pues no era él como otros que se fingen ardientes patriotas para alcanzar renombre.

Él se la imagina grande, y sublime, de tal modo, que ni Grecia ni Roma, ni ninguna otra nación antigua o moderna, la exceden en hermosura y en fama. Con los encomios del caudillo, convéncese el pueblo de la alteza de España: Bien se ve aquí que el asno y Sancho son una misma cosa, aunque algunas veces se le olvida cómo se llama. Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo, y que no hay cosa que no sepa Temiendo Cervantes que el pueblo no se penetrase bien de la triste situación en que se hallaba, hace que Don Quijote inste a Sancho para que se quede hasta verle dar unas zapatetas, que son las que metafóricamente dio Cervantes en su estrechez.

No sabe Cervantes qué partido tomar en su desgracia: Lanzarse al combate era caminar seguramente a la derrota. Pero estaba solo contra la fuerza inmensa del sacerdocio y la monarquía. Vuelve a manifestar que la causa de su enojo es la perversión del cristianismo, tan semejante en su tiempo a la religión de Mahoma.

Ni aun la patria real tenía culpa: Don Quijote le imita por burla. En la primera edición se dice: Alguien debió de advertirle que era harta en aquellos tiempos, y en la segunda edición dio Cervantes nueva forma a lo escrito, diciendo que hizo el rosario de agallas, porque sin duda las tenía para hacerlo el verdadero Don Quijote.

En este capítulo se indica nuevamente que Dulcinea es la patria: Con la añadidura del Toboso, se alude a la capital de la nación. Cuando escribía Saavedra la primera parte de su libro inmortal, estaba la Corte en Valladolid; pero había estado ya en el pueblo del Oso y el Madroño.

Por esto dice que tuvo oso Toboso. La alusión era muy oportuna, porque ambas poblaciones se disputaban entonces la capitalidad. Por una ladera se iba al trono y por otra a la sede, y así, la sociedad tropezaba con el sacerdote y el rey, como Sancho.

Ambas potestades van en busca de Don Quijote con el propósito de hacerle abjurar sus ideas. El pueblo no quiere descubrir a su caudillo; pero los déspotas, tocando el resorte de la calumnia y el terror, le obligan a ello, y él les descubre los planes del héroe, y les dice que lleva un mensaje a la patria. De esta manera, el sacerdocio se interpone entre Don Quijote y Dulcinea, entre el hombre y el ideal, y la patria no llega a enterarse del mensaje que la envían sus amadores.

Después le adula, ponderando irónicamente la buena memoria de Sancho. El héroe le promete una ínsula, la gobernación del Estado, y el sacerdocio un beneficio simple: Viendo estas tendencias del pueblo, enmudece el sacerdocio, y acude en su ayuda el poder real: Por el momento el sacerdocio y la monarquía prescinden de Sancho, y acuerdan representar una farsa para desviar al heroísmo, para torcer y desbaratar sus empresas.

No obstante, ya veremos cómo después echan mano de la España real para el mismo objeto. De esta manera siempre son ellos los autores morales de nuestras desdichas, y el pueblo quien trabaja en su propio daño, inducido por la falacia de reyes y sacerdotes, principalmente por Roma.

De esta suerte, todos sirven a Roma: Y lo mismo ocurre en la historia: Vuelve éste a tomar la representación para la aventura de Sierra Morena, y el ventero queda olvidado o anulado temporalmente. Para esto da la Majestad sus atributos al cura y el barbero, y éste se apodera de la cola donde el amo de la venta tenía colgado el peine.

Acaso se esconde aquí un recuerdo del buey Apis, y por tanto, de la espantosa tiranía antigua. Todo lo cual induce a creer que la cola, tan bien defendida por la ventera en el capítulo XXX, es un símbolo de la autoridad real. De Don Fernando puede decirse lo mismo que del barbero y el ventero: La Majestad da al sacerdocio una saya y unos corpiños, y éste a ella en cambio una sotana; concesiones recíprocas de los dos poderes.

La saya y los corpiños eran de los tiempos góticos, en los cuales se celebró el consorcio de la monarquía y la Iglesia. Roma bendice la empresa, prometiendo rezar un rosario, aunque pecadora , porque Dios les dé buen suceso en tan arduo y cristiano negocio. La religión católica es como un puñal: La monarquía cede a las exigencias del sacerdocio; pero luego los dos inductores se valen del pueblo y de la España real, que vienen a ser lo mismo.

En efecto, engañan a Sancho diciéndole que todo cuanto hacen va encaminado a libertar al héroe y a sacarle de la mala vida que ha escogido. El pueblo cae en el lazo que le tienden los poderosos, les confía los secretos de su caudillo, y promete decirle que llevó el mensaje a Dulcinea.

Así sucede en la historia: Así, los esfuerzos geniales que han llenado de maravillas el presente siglo, se concretaron entonces a guerrear en pro de la monarquía y el sacerdocio. He aquí la contestación que tuvo el mensaje. Pero en resumen, las promesas del cura no habían de cumplirse: Todo fue para los sacerdotes y los reyes. Los héroes acudían solícitos al llamamiento de la patria, porque, como dice Sancho, ella era bastante a sacarlos de su retiro; peleaban, sí, daban su sangre, y volvían a su obscuridad perseguidos por la ingratitud, mientras los reyes cogían el laurel de la victoria, regado con la sangre de los pueblos.

Esto, en el mes de Agosto y a las tres de la tarde, había de ser sumamente apetecible. El contraste se reproduce a la continua en el Quijote: Aquí se reanuda la historia de Cardenio. Refiere sus desventuras pasadas, delante de la monarquía, que las causó. El relato del Caballero del Bosque viene a ser, en consecuencia, una exposición de agravios, o si consideramos al Roto como entidad pasiva un estudio de sucesos históricos hecho por los poderes en la literatura de su tiempo: Discreto cortesano le llama Cervantes.

El significado de los versos conviene tanto a Cardenio como al autor, y es natural que así sea, pareciéndose la situación de ambos, como se ha notado otras veces. Hay que hacer particular mención del soneto. En él se lamenta el Caballero del Bosque de que la justa paz esté en la tierra cubierta con un velo: Ahora resulta clara la estrofa que los correctores veían obscura Uno es el de que la monarquía y el catolicismo, representados por el barbero y el cura, estaban ya enterados del negocio de la aristocracia.

También debe notarse que los poderosos desean sacar a Cardenio, como a Don Quijote, de aquella miserable vida: Otro punto obscuro hay en opinión de los críticos: Parece que se habla del ingenio humano, de los grandes hombres que resucitan los casi muertos ideales y proporcionan al mundo, a las edades futuras, suma incalculable de bienes, ilustración y engrandecimiento.

Considerando tan ardua tarea, sin duda, dijo Cervantes que el hilo de su historia estaba rastrillado, torcido y aspado. Semejante al de Ariadna, este hilo sigue las vueltas y revueltas del laberinto interno del Quijote. Siguiéndole, vemos entrar en acción a Dorotea, que es la patria real, la nación española tal cual era en tiempo de Cervantes.

El retrato físico es tan aproximado al original como lo consiente una pintura hecha indirectamente: De modo que en esta descripción se ven los mares que rodean nuestras costas, el cuarzo de nuestro suelo, la entonación general del paisaje, las montañas cubiertas de nieve y el rutilante sol de España.

La misma Dorotea concluye su retrato describiendo sus ocupaciones y entretenimientos: Antes había dicho que sus padres eran cristianos viejos rancios, y luego añade que pasaba su vida en tantas ocupaciones y en un encerramiento tal, que al de un monasterio pudiera compararse. Todo esto es típico de España. En poseyéndola, falta éste a la fe jurada y desprecia y abandona a la patria por ir en seguimiento de Luscinda, en busca de la paz, que espera hallar en nuevos triunfos.

Al ver la conducta de D. Fernando, se atreven con la infeliz Dorotea, hombres vulgares y soeces Para hacerla venturosa tenían que cambiar de naturaleza, y esto era imposible. Empero podían y debían aconsejarla un modo de vivir en el camino por ellos trazado, y así se lo rogaba: Lo propio solicita de D. Fernando para que se vea que el fondo es siempre el mismo , y lo propio deseaba España en aquella época: A tal vilipendio había llegado la nación española, que se avergonzaba de presentarse ante sus padres.

En tiempo de Dorotea el león se había convertido en asno. Literariamente considerados, el cura, el barbero y el Roto, debían compadecerse de una mujer puesta en situación tan infortunada como Dorotea, y así lo hacen; pero nótese que el cura, asumidor de la autoridad general, ni la consuela ni la aconseja, aunque se indica que intentaba hacerlo; igual conducta observa con el Roto al terminar este personaje la relación de sus desdichas: Al avistarse con la nación, comprende Cardenio que puede vivir la aristocracia dentro de la monarquía: El sacerdocio aprueba la determinación de la aristocracia, porque responde a su deseo, manifestado en el capítulo XXVII; y ruega, aconseja y persuade a entrambos que se vayan con él a su aldea , o lo que es igual, que sigan las inspiraciones y guarden la ley de la Iglesia Católica.

Fernando a la monarquía, no es necesaria la intervención del otro personaje. Cuando termina la historia de Cardenio y Dorotea, vuelve a desempeñar el barbero su oficio; y con esto, la nación, el sacerdocio, el poder real y la aristocracia, engañadores unos y engañados otros, marchan de consuno al fin ansiado por el cura, que estriba en domeñar el heroísmo de Don Quijote.

Sólo el héroe permanece alejado de los déspotas, rebelde a todo concierto, firme en su actitud y enamorado de lo ideal. Así lo manifiesta el verdadero pueblo; porque Sancho es el vulgum pecus , que sufre el yugo de los tiranos sin contaminarse con sus vicios, y Dorotea es el pueblo oficial, que viste la librea de los reyes. No es la patria en su concepto absoluto, sino en el relativo: Esta es Dorotea, que sufre aquí las transformaciones impresas por sus despóticos gobernantes. Lo mismo puede afirmarse de Don Quijote y de Sancho, cuya envoltura encubre a unos entes profundísimamente humanos, consubstanciales con la naturaleza.

Por las explicaciones antes dadas se colige que no engañan del todo al héroe los opresores diciéndole que le llama Dulcinea: Todo esto se enlaza con el mensaje encomendado al escudero: Don Quijote no acude al llamamiento de su beldad idolatrada desobediencia impropia del rendido caballero porque no había tal.

Literariamente justifica su proceder extrañísimo, diciendo que no piensa parecer ante su fermosura hasta que sus hazañas le hagan merecedor de tan alta honra. En efecto, después sirve a Dorotea con resolución de exaltarla al trono; lo cual es convertir a la humilde labradora Aldonza Lorenzo en la princesa Dulcinea del Toboso 70 y hacer merecimientos para gozar la presencia de la patria.

Sancho siente que no transija su caudillo con los poderes, pues teme que el héroe no alcance por sí solo el gobierno y se pierda hasta la ocasión de gozar los beneficios que les ofrece la Iglesia El cura, por otra parte, muestra un gran empeño en librar al héroe de su locura: Ambas instituciones, urden la trama: Al tener así disciplinadas todas las fuerzas, dice el cura: Este pronombre no se ajusta a la razón lógica, pues debiera decirse en favor nuestro; mas ocupa su lugar legítimamente en lo íntimo del discurso, porque todo se muestra favorable al sacerdocio.

Este nombre, los de Guinea, Etiopía 72 , Micomicón y la abundancia de negros que hay en los usurpados dominios de aquella entidad, denuncian al continente africano. A la sazón estaba en poder de un mal gigante, que es el despotismo. Digno era esto de nosotros. Veían un ancho campo donde sembrar errores, un inagotable venero de riqueza, el exterminio de los infieles, el triunfo brutal de la intransigente Iglesia católica.

Por esto teme Sancho que todo venga a parar en ser su amo arzobispo. Los que tratan de engañar al héroe le cogen desarmado, porque estaba desprevenido para la traición. Por este medio indirecto se declara que la conquista favorece al rey. Cuanto a la patria existente y a la ideal, algo ganaban también, contra la voluntad de los poderes, por designio de la Providencia, que transforma en bien el mal y hace la luz en el caos. El sacerdocio, seguido de la aristocracia, sale al camino real cuando ya todo esta concertado, y vuelve a tomar la dirección de la empresa avasallando al barbero.

Al efecto, sube en la cabalgadura del rey que lo sufre y éste queda desmontado y sin barbas, sin el signo de la autoridad: Con todo eso, le sobresaltaron de manera, que cayó en el suelo, con tan poco cuidado de las barbas, que se le cayeron Dice el sacerdocio que para ir a la conquista citada han de pasar por la mitad de su pueblo atravesar la tierra católica y tomar después la derrota 74 de Cartagena, hasta ver la gran laguna Meona o Meótides , que es una parte del Mar Negro, y recuerda por aquel nombre equívoco y otras circunstancias, cosas estancadas, lóbregas y hediondas.

En el capítulo original queda retratado el cura de mano maestra. No habla el sacerdocio como humilde y piadoso discípulo de Cristo, habla como secuaz del tirano; defiende al rey y a la Santa Hermandad, aboga por el suplicio y amenaza con el infierno.

El pueblo acepta la opinión del cura. El redentor no ha de mirar si los pueblos son o no dignos, por su ignorancia y sus culpas, de la opresión en que yacen; debe ayudarles y redimirles, considerando su miseria y angustia, su tristísima esclavitud. Puestos Don Quijote y el cura uno enfrente de otro, Don Quijote es el verdadero cristiano: Así hablaría el Evangelio.

Grande y valiente es el reto que Cervantes dirige a la teocracia, falseadora del sentimiento cristiano. Cervantes emplaza al sacerdocio, remitiendo a otro lugar la declaración de sus íntimos sentimientos. Esto era realmente afirmarse en los estribos y calarse el morrión.

En este capítulo sube de punto la doblez del sacerdocio, pues jura en falso con tal de sacar adelante el enredo. El pueblo hace coro a los opresores inocentemente, porque iba tan engañado como su amo. Aquí Cervantes hubiera dicho el verdadero nombre; mas ya sabemos qué respetos se lo prohibían. Deja, por tanto, en suspenso la frase, para abrir camino a la meditación.

Al mismo tiempo, aunque achacando a la falta de memoria esta perplejidad, dase a entender que España no se acuerda de sí misma, no conoce el valer de su propio destino. Si no puede el autor darla el verdadero nombre, pónele en cambio uno muy propio de una nación conquistadora, que va a llevar la riqueza material e intelectual a otros pueblos: Dulcinea, la patria ideal, es la dulzura suprema; Dorotea, la patria real; es la conjunción de la luz, proveniente del cielo, y del oro, símbolo de la riqueza terrestre.

Sólo el genio español puede salvarla, el azote de la maldad, el eminente y espiritual Don Quijote, el hombre fuerte 75 en el cual se condensa nuestro heroísmo y nuestra gloria Esta sublime figura tiene fama, no sólo en España, sino en toda la Mancha , o lo que es igual, en todo el mundo. Véase cómo se transforman en bellezas los disparates del texto. Cervantes veía entonces tan claro como nosotros ahora, que la muerte del gigante africano estaba o debía estar reservada al genio español: Por esto dice entre dientes que no se atrevía a calificar de buena la espada, merced a Pasamonte que se llevó la suya: Así se me vuelvan las pulgas de la cama Don Quijote, como siempre, pelea por lo ideal, y hasta flagela al vulgo sensualista, para dignificarle.

Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser. Aun hace otra declaración muy notable, en estas palabras que dirige al pueblo: Es ingrato con el ideal, que levanta al hombre del polvo de la tierra, donde se arrastran las especies inferiores, poniéndole en la eminencia de los principios y haciéndole señor de la serie animal que ha sobrepasado.

No obstante, mirada a bulto, la patria le parece bien. Si hay quien dude todavía de que Sancho y el rucio son una misma cosa, lea estas exclamaciones de Panza dirigidas a Pasamonte: Cervantes confirma la especie, varias veces apuntada, de que su magna obra no es meramente de imaginación, sino trasunto de la realidad, al decir: Otra cosa dice también aplicable al libro: Ciertamente, se la trasladó el sacerdocio En dicha epístola se ve que la patria era una Sobajada Señora , y el héroe un Caballero de la Triste Figura.

A tal extremo, a tal ruina habían llegado el caballero de la Ardiente Espada y la Soberana Señora, la heroica nación que asombró con su virilidad y sus triunfos a la tierra. Enmedio de estas dos cosas, enmedio de este descenso material y moral, puso el pueblo trescientas almas y vidas y ojos suyos ; dio su sangre y su espíritu por la angustiada patria, sin que con tan grandes sacrificios pudiera evitar el derrumbamiento.

Como el Quijote es un fiel reflejo de la vida humana, nos presenta también en aquella forma a los grandes personajes simbólicos que le animan; y así, el pueblo español ha visto en los héroes de Cervantes entidades groseras y risibles: Téngase en cuenta que el protagonista se halla ausente de la patria, y dispuesto a acometer un hecho admirable en obsequio suyo.

Las preguntas que a Sancho dirige son las que Cervantes podría hacerse en su imaginación. La contestación puede hallarse a las pocas líneas Su ignorancia y su miseria impedíanle subir a la altura donde Cervantes imaginaba; gran desconsuelo para el insigne reformador, para aquel espíritu, albergue de proyectos universales. Pero aun así no maldecía su mala fortuna: Sancho da por mezquindad de naturaleza lo que era en la patria pequeñez accidental.

Don Quijote mantiene desvirtuando impertérrito cuantas burlas le opone el vulgo socarrón la grandeza de España: No la hallé, respondió Sancho, sino ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su casa. Pues haz cuenta dijo Don Quijote, que los granos de aquel trigo eran granos de perlas, tocados de sus manos: No era sino rubión, respondió Sancho.

Lo que sé decir, dijo Sancho, es que sentí un olorcillo algo hombruno: Todo puede ser, respondió Sancho; que muchas veces sale de mí aquel olor que entonces me pareció salía de su merced de la señora Dulcinea ; pero no hay de qué maravillarse, que un diablo parece a otro. Este asentimiento de Sancho es una indicación preciosa; el vulgo mide a la patria por sí mismo, no ve, como el caballero, la grandeza inmanente de ese conjunto adornado con mil millones de gracias del alma , seguro principio de la unidad del mundo; advierte, sí, la grandeza material; de modo que cada uno habla como quien es: Así lo consigna Cervantes.

En este capítulo, como en otros, dirige a la patria amargos reproches; mas no deben tenerse por cargos del despecho, puesto que el autor no lo lamentaba por sí: Ya sabía él que España no era culpable; si daba a sus hijos los buenos servidores misérrima comida, hacíalo forzada por la necesidad, no de tacaña. Así, dice Don Quijote: Es decir, que Cervantes considera el amor de la patria, o de la humanidad, grande, admirativo y desinteresado, como el que debe tenerse a Dios.

Hacíalo por no faltar a su palabra, sí; ardid literario, porque al volver su escudero del fingido viaje, dice a su señor que le llama Dulcinea, y también desobedece el caballero este mandato, sin impedirle obedecer palabra alguna.

Es que el autor relaciona los dos casos, y en los dos pinta al personaje deseoso de sacrificarse por el ideal. Penetrando en el símbolo se deshace tan extrañísima preferencia: El conflicto es otro: Sí, Dulcinea y Dorotea significan lo mismo, y hasta los nombres son consonantes, para que el oído perciba al través de la harmonía eufónica la íntima alianza de los dos imaginados personajes.

No participa de su alteza de miras el vulgo, que sigue considerando la conquista como fuente de su provecho. A estas mezquinas excitaciones, que dictan la ignorancia y la necesidad, responde el caballero dando a entender que no necesita hacer traición al ideal para dar la dicha al pueblo. Encubriendo de este modo las cosas, sirvió Cervantes a la España real antes que a Dulcinea; porque no quería la nación que se supieran sus pensamientos El mismo ardid emplea el autor cuando manda a los vencidos que se presenten a su dama, como se usa en los libros de caballerías.

Cervantes aprovecha esta ocasión para reconocer en el hijo de Vizcaya plausibles cualidades. Su enrevesada manera de pensar, sus tercas supersticiones, fruto son de la influencia despótica; pero no puede negarse la natural honradez del pueblo vascongado. También consigna que se presentó a la patria; y esto dijo Saavedra recordando, sin duda, a los intrépidos navegantes vizcaínos, soldados y exploradores, que, arrostrando toda clase de peligros, pusieron muy alta nuestra bandera.

Esto fue, realmente, presentarse a la patria. No debe la humanidad medir la obra de los redentores por sus fracasos, aunque así ha procedido hasta hoy, viendo mal en el bien que se le hacía: Hay que tener fe en lo porvenir, fe en la justicia universal, en la Ley Suprema. Esta es la ley providencial que rige al mundo. Como el sol desde la altura alumbra y vivifica toda la tierra, así alumbra y vivifica la Inteligencia Suma todas las almas.

Hay intervalos de luz y sombra, sombra para nuestros miopes ojos, porque la luz es infinita y eterna. Los males que afligen al mundo tienen sólo una realidad accidental: La historia es una suma; y al verificarla, vemos que el mal ha desaparecido: Querían la monarquía y la Iglesia sacar del ostracismo a los héroes, porque esta actitud implicaba una guerra mortal del pensamiento, diseminada en libros y discursos, y viva y palpitante en todos los órdenes de la idea.

Así, preferían dar a los rebeldes intervención en una empresa patriótica, a reserva de sofisticarla e inutilizarlos. En efecto, consiguen realizar la primera parte de su proposito: Esta victoria causa gran regocijo a los poderes, que ofrecen a Don Quijote un lecho de príncipes , si lo paga mejor que la otra vez si no atenta contra el Estado.

Empero le aderezan uno razonable en el mismo camaranchón de marras; ni siquiera le dan de comer en pago de sus concesiones: En consecuencia, el barbero muéstrase en su misma forma , al decir de Cervantes.

La cola vuelve a poder de su dueño con dos cuartillos de daño capítulo XXXV: Las palabras de la ventera significan también que la Majestad del rey no permite que el sacerdocio intervenga demasiadamente en los asuntos de Estado.

Carlos V toleró, cuando menos, que el condestable Duque de Borbón saquease la Ciudad Eterna, profanase los altares y escarneciese la religión católica.

Estos ejemplos tenía Cervantes a la vista cuando escribió el Quijote. La monarquía y el sacerdocio aprovechan la paz en que la inacción del héroe les deja para discutir asuntos interiores; y aprovéchala también Cervantes para romper lanzas contra los verdaderos libros de caballerías. El poder real muestra predilección por los que relatan empresas guerreras: Un ventero y unos segadores: Dice el huésped que esta lectura le daba la vida: También a Maritornes Roma pontificia le gustan las matanzas: Aun entonces le impone su veto la Majestad del rey, siempre atenta a la conveniencia de su real esposo: Por esto dice la ventera: Pero ella replica que, como se lo preguntó el cura, no pudo dejar de responderle.

El sacerdocio condena las aficiones de la realeza por disparatadas; mas ya veremos después cómo él también cree y defiende otros no menores disparates. La verdadera causa de su disgusto es la ambición de poder temporal, como ahora se dice; los celos que le inspira el Estado. El ventero pregunta con el mismo énfasis con que un monarca podría interrogar a quien a tanto como el cura se atreviese: La actitud y alegatos de los respectivos personajes convienen perfectamente con las denominaciones por nosotros asignadas.

prostitutas en el quijote esclava para hombre Y volver a empezar fue rusas prostitutas prostitutas desnudas en la calle a la limosna, a la basura, a las esquinas. Intenta junto con el Ama que su tío abandone los libros de caballerías. Calipso, dentro de lo que cabe, es un buen sitio para trabajar. Empero le aderezan uno razonable en el mismo camaranchón de marras; ni siquiera le dan de comer en pago de sus concesiones: Ante la negativa, tres balazos: Vuelven los personajes al camino del día anterior, esto es, a la época de Cervantes: Todo esto es típico de España.

Al lado se estaciona una camioneta. Le dije que era de su hijo. Y volver a empezar fue volver a la limosna, a la basura, a las esquinas. Incluso entre ellas la trata es un fantasma. Yo no soy pendeja. Solo un tiempo de comida les daban. Te llevan a venderte, pues. El camino es duro, y los momentos para la ternura son escasos. Flores tiene un nombre para esto: Aquellos cuando dentro del antro cerraba el trato con el cliente con el que fichaba, y se iban al motel de enfrente durante media hora.

Aspira con fuerza el cigarrillo mientras mira a la nada, como si cambiara de registro para volver de un pasado de ignorancia a un presente de costumbre. Otro grupo de hombres regordetes ha llegado al centro botanero a ocupar otra mesa. Keny entrega lo que lleva en una bandeja a una de las mesas, y la administradora la intercepta.

Esto no ocurre en todos los lugares. Calipso, dentro de lo que cabe, es un buen sitio para trabajar. Si quieren hablar, hablan. Si quieren ocuparse, se ocupan. La respuesta de la chica fue la de una persona bajo vigilancia. La voz de Keny es un susurro. Por ejemplo, cuando dice: Se fue para arriba. De antro en antro en antro. Hay quienes te golpean. Me ha pasado que ya estando en el cuarto se comienzan a poner agresivos, y una a veces se niega, y ellos empiezan con los golpes.

Ahora solo me quedo con la bailada, las fichas, la bebida. Mi hermana lo sospecha. Cree que soy mesera, no saben que bailo, que he llegado a ocuparme. Mi familia no puede enterarse de esto. Que les descubran su mentira. Flores lo explica con otro ejemplo, con una amenaza que circula en estos bares: He escuchado comentarios de mujeres que las venden, pero cuando ya ven el lugar, se quedan.

He hablado con algunas de ellas, y me dicen que se quedaron porque les ha gustado el dinero. Entonces es por su propia voluntad. Otra vez el fantasma. Otra vez la fina red que hace que la trata no parezca trata. Culpa de la muchacha. Al final, nadie tiene la culpa. Las cosas son como son.

Solo de cuatro asuntos hemos conocido. Solo se politizan las cosas. A veces nos avisan, a veces no. Es otro problema que enfrentamos, nunca nos avisan de los operativos. Abarcan todos los delitos de orden federal: Todo ello se copia muy fielmente en esta aventura.

Después, hablando concretamente de los encamisados, exclama: Por otra parte, Don Quijote dice que los clérigos le parecen cosa mala y del otro mundo. La noche obscura, el lugar desierto y espantable; los de la comitiva vestidos, ya de blanco, ya de negro, con luengas ropas; las luces misteriosas que recuerdan la conmemoración de los difuntos; la voz baja y compasiva del rezo; la litera enlutada; el cuerpo muerto; la fórmula misma que usa Don Quijote: Y el terror de Don Quijote y Sancho, muestra bien que se trata de la muerte: Doce son los religiosos que acompañan al cuerpo muerto, para mayor confirmación de que es el apostolado, o la Iglesia, quien presenta a la muerte en una forma tan terrorífica.

El héroe desea conocer el misterio que encierra el sepulcro, y los sacerdotes se niegan a satisfacer esta ansiedad tan legítima y tan propia del alma humana. Y los acomete aun sabiendo que son sacerdotes: La invención del infierno es la que ha traído a tal término a la Iglesia, los diablos. Varias veces en el Quijote se califica de demonios a los clérigos, como ahora: Nada hay en esta descripción, desde el punto, de vista ortodoxo, que justifique la consecuencia sacada por Don Quijote: Antes había dicho el bachiller a nuestro héroe, que si le mataba cometería un gran sacrilegio, a pesar de lo cual, como ya se ha notado, le amenaza Don Quijote.

Luego añade Alonso López: Para evitar Cervantes la censura y persecución de la Iglesia, emplea sus mismos procedimientos y se ríe de ellos impunemente. Este viaje del Cid a Roma y el acto que se describe con rasgos tan enérgicos, son legendarios; sólo han existido en la imaginación del pueblo español.

De todas maneras, ese Cid es el tipo de nuestra raza indomable, que se mide con el rey y desafía al Papa si conoce que atentan contra su dignidad.

La Triste Figura casi significa lo mismo, sin tanto peligro para el autor: Quisiera el sabio profundizar el misterio, escrutar el fondo del coche, a ver si lo que allí se encierra son huesos o no ; pero se opone la superstición del pueblo. Tal es el fondo de la alegoría de los batanes. El agua parece que se despeña de algunos grandes y levantados riscos; y al decir de Don Quijote, se despeña y derrumba desde los altos montes de la luna.

Por tanto, con aquella frase indica Saavedra que el agua, esperanza y alegría de Sancho y Don Quijote, es una corriente de ideas y sentimientos religiosos que baja del cielo a refrigerar las almas. Aquí se pinta la prolongación del tormento. Quiere realizar esta aspiración, penetrar en los limbos de la muerte, para dar la libertad moral al pueblo, rasgando las sombras que encubren la vida futura. En aquella época la trompeta celeste llamaba a juicio a la humanidad y estaba la media noche marcada en la línea del brazo izquierdo, en el siniestro régimen de la violencia Estos dos terribles engañadores inspiran a Sancho cuando intenta disuadir a su caudillo: Y aunque faltase mucho estaba resuelto a no dilatar la aventura.

En consecuencia pide al pueblo estímulo en vez de oposición: Esta enérgica afirmación, que solo puede explicarse literariamente como desvarío de un loco, tiene gran propiedad en lo interno del poema: Empero Sancho le detiene al fin trabando a Rocinante; y Saavedra, conociendo que aquello viene de otra parte que de la industria del pueblo pues era culpa de sus opresores , espera a que ría el alba , aunque él llore lo que el suspirado día de redención tardare en venir.

El personaje principal de esta conseja es un pastor cabrerizo, un héroe de la estirpe del Cid, que guía almas condenadas, o rebeldes al dogma.

Este personaje estuvo en otro tiempo enamorado de la Iglesia 44 ; pero al conocer su infidelidad y corrupción, aborreciola tanto como antes la había querido. De este modo llega al río Guadiana, donde hay un barquero que pasa a los condenados. Las almas condenadas son infinitas, porque son muchos los llamados y pocos los escogidos.

Después de haber andado mucho tiempo entre sombras, salen a la luz de otro siglo, y ven cómo desciende la idea en raudales desde la altura sobre las ruinas de lo pasado, donde todavía sigue el estruendo que tanto espanto diera a los hombres.

Sancho, tan medroso antes, se mofa del aparato desplegado por su caudillo en el comienzo de la aventura, y Don Quijote le corrige con el lanzón, diciendo: Tal advertencia dirige Cervantes a los que tengan en poco sus hazañas porque los enemigos con quienes peleó hayan dejado de ser temibles. Este es el correctivo que impone a Sancho con la pluma o lanzón. Vuelven los personajes al camino del día anterior, esto es, a la época de Cervantes: Sancho teme que sea igual a la pasada, y el héroe le dice: Aquí no se pelea contra el diablo, se pelea contra el hombre; no se trata del infierno, sino de la tierra.

Pero siendo entonces de derecho divino la monarquía, y estando reyes y sacerdotes unidos para tiranizar al pueblo, alguna relación, y no pequeña, había entre las dos aventuras.

Por lo cual insiste Sancho diciendo: Don Quijote arrebata el símbolo del poder real al pueblo defensor de la monarquía absoluta. Al héroe le parece caballero, por la dignidad que ostenta; pero va montado en un asno, como Sancho Panza: El oficio de este hombre, aunque a primera vista parezca lo contrario, tiene analogía con la acción perniciosa de los reyes, que sangran a la humanidad y la rapan o tonsuran La corona es aquí una bacía. El héroe dice que es un yelmo encantado , un arma prodigiosa, aludiendo a su verdadera y alta significación; pero este yelmo, este símbolo de la autoridad universal, es una bacía , en la vacía cabeza de los reyes.

Exacta es la reflexión de Don Quijote: Gran talento se necesita, ciertamente, para ser un primer monarca: He aquí a los reyes que trafican con la sangre y el oro de sus vasallos. Y así han sido casi todos; pocos conocieron el valor de su destino; casi ninguno ha llevado corona, sino bacía.

El símbolo del poder, tal como lo dejan los monarcas, no encaja en la generosa cabaza del héroe; pero él conoce su verdadero valor, y determina aderezarlo de manera que no le aventaje ni le llegue la celada hecha por Vulcano. Esta es la transformación de la monarquía en gobierno popular. Sancho recuerda en este capítulo muy oportunamente pues se trata de los tiranos , el benditísimo brebaje y el manteamiento; y Don Quijote le recomienda el olvido de las injurias pasadas, como indicando que después del triunfo material solamente deben ocuparse en instaurar el derecho.

El vulgo quiere cambiar su condición plebeya por la condición real; mas el héroe no se lo permite: Así, ambos personajes sacan el provecho que pueden y deben de la monarquía y el catolicismo sin contaminarse con ellos: Teniendo ya la llave del poder, caminan sin cólera ni tristeza los dos heroicos personajes, a la ventura, y vuelven al camino real llevados de su condición, discurriendo acerca de su futura suerte; tratan de la monarquía universal, o gobierno del mundo.

Sancho opina que deben ponerse al servicio de un gran emperador, y contesta Don Quijote: Cervantes no ignoraba que la sociedad había de escalar el solio a fuerza de tiempo y heroísmo. Muere la monarquía, triunfa el ideal, gobierna el sabio, y el pueblo ve realizada su esperanza. Así, la aparente inconsecuencia de los personajes, se deshace en el fondo. El héroe se casa con Dulcinea, y Sancho alcanza su codiciada ínsula.

Tiempo había en la época de Cervantes de ver qué rey se hallaba en guerra y con hija hermosa, porque aun los héroes tenían que cobrar fama para llegar a este punto. Y se burla de este inconveniente diciendo: La casa real de Macedonia principia como todo lo humano, miseramente, y apenas se ensancha e ilumina con sus dos soles Filipo y Alejandro, se oscurece y desmorona en manos de los generales.

Muchos califatos ve levantarse el desierto que luego recogen sus abrasadas arenas. Una vez el derecho divino va mendigando por Corinto con Dionisio de Siracusa; otra le arrastran por las calles con un emperador romano; otra perece en la guillotina con Luis XVI. Después del proceso de la Historia no pueden los monarcas invocar aquel derecho, ni tampoco el humano; y así lo han comprendido, aceptando el insignificante papel de reyes constitucionales que el pueblo les tolera en el reparto de los poderes, mientras las muchedumbres van socavando los tronos para fundar su derecho.

Muchas revoluciones ha costado esta ventura, y, como prevía Cervantes, el pueblo ha tenido que estar a diente en el largo período de las turbulencias; pero nadie le ha podido quitar la esperanza, compañera inseparable de la fe que da el triunfo. Sancho lo tiene por seguro, siempre que su caudillo cambie la forma de gobierno Don Quijote da libertad a muchos desdichados; en el texto se manifiesta la causa de su desdicha diciendo que son forzados del rey. Verdad es que destruye la especie una negativa de Sancho Panza: La afirmación rotunda hubiérase considerado como delito de lesa majestad.

Dos cosas se censuran principalmente en este capítulo: Dice Don Quijote acerca de la primera proposición: No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres. Esclavitud en Egipto y el Asia Antigua, donde nacen las religiones; esclavitud en Grecia, centro maravilloso de las artes; esclavitud en Roma fuente del derecho; esclavitud en América bajo el símbolo de la redención cristiana Pero no necesitamos justificar esta honrosa actitud de Saavedra; también él fue esclavo.

Lo que no hicieron las religiones en su apogeo, lo ha hecho la revolución: Y lo mismo decimos de la pena de galeras, cuyos tormentos pudo apreciar de cerca Cervantes.

Se comprende que abogara por la extinción de este castigo un alma tan compasiva como la del cautivo de Argel. El cuerpo brincaba a la violencia de los golpes, la carne se desgarraba, y la espalda quedaba convertida en una llaga, que lavaban con sal y vinagre. Por dicha, también las galeras han vuelto a la nada; mas no podemos decir lo mismo del castigo penal. Una vez en el presidio se tira el delincuente en un petate, y allí se pervierte si es bueno, se endurece si es malo, pero no se le corrige, porque el penado no es ya digno de estudio ni menos de compasión, sino una fruta, tal vez fruta envenenada, que exprimen desde el ranchero hasta el jefe del penal.

Nada queremos decir del novísimo sistema de aislamiento inhumano y feroz, que hace de cada presidio una necrópolis con sus nichos y quietud pestilente. Llevar allí los penados sería devolver a la sociedad el bien perdido y redimirlos a ellos de las prisiones y el crimen. Luego podrían tornar regenerados con la cadena al cuello para depositarla rota a los pies de Dulcinea, conforme al deseo que se advierte en las palabras de Cervantes. El héroe no se limita a censurar las transitorias imperfecciones sociales, va también contra las que son anejas a la mísera condición humana, con lo cual sube a mayores alturas el discurso.

Los galeotes encarnan el vicio en todas sus formas y componen una cadena o serpiente del mal, cuya cabeza es el despotismo religioso. Él contesta por todos al héroe, reasumiendo la ingratitud general; él ahuyenta a los guardias; por indicación suya apedrean los miserables a su libertador; y él despoja al pueblo que le había ayudado a romper sus cadenas.

Al pronto, choca verle bajo la férula del poder civil; pero esto ha sucedido algunas veces en la historia. Refléjase aquí una de esas disensiones frecuentes entre reyes y pontífices, en que, con menoscabo de entrambas partes, salían a relucir sus concupiscencias y traiciones.

Esto indican las misteriosas palabras de Ginés, dirigidas al cuadrillero. Basta; que podría ser que saliesen a la colada las manchas que se hicieron en la venta Nótese también que Pasamonte habla al cuadrillero como de igual a igual, y, sobre todo, que lleva una cadena llamada guarda amigo. Duélese el héroe de la ingratitud que le muestran los recién libertados, y promete escarmentar desde allí para adelante. Sancho es el instinto y Don Quijote es el alma.

El instinto dice por boca de Sancho al autor del Quijote , que no se exponga a la crucifixión redimiendo a ingratos; y si los redime, que huya de los poderes coercitivos Manifiesta al pueblo Cervantes, que en manera alguna calló por miedo a los poderosos, sino en bien del pueblo mismo: A continuación se trata del hurto del asno, pesadilla de críticos, por las contradicciones que se observan en el Quijote sobre este asunto. En efecto, Ginés hurta el asno a Sancho Panza, y en el mismo capítulo se dice que iba encima de él.

En la primera y segunda edición se comete el error hasta tres veces; en la tercera lo corrigió Cervantes una vez sola. La misma contradicción se observa en otros capítulos.

Así, Sancho, a poco de hurtarle el rucio se mantiene del despojo clerical. Con arte tan exquisito imitan al pobre animal estos regidores del pueblo, que ambos se creen asnos y vienen a encontrarse engañados por sus rebuznos En el capítulo XIX Cervantes ve que el infierno es una ficción. A este lugar, a las entrañas de Sierra Morena , o Sierra Negra , lleva el autor a los excomulgados personajes Alégrase Cervantes de haber llegado aquí, porque este le parece campo digno de sus hazañas, y recuerda los maravillosos acontecimientos que en semejantes soledades les sucedieron a nuestros heroicos antecesores , que pelearon malditos de las tiranías en defensa de la libertad.

Encuéntrase el héroe estas cosas y se las da al pueblo fiel hasta que hallen a su legítimo dueño; pero Sancho no restituye el tesoro, porque antes se lo habían usurpado al pueblo los caballeros feudales.

Viendo el pueblo las ventajas que proporcionan los estudios históricos, aficiónase a esta clase de investigación, y da por bien empleados todos los males sufridos, hasta las bendiciones de las estacas ; frase muy conforme con la significación del capítulo XV.

También hallan en la maleta un libro de memorias, ricamente guarnecido; lo cual quiere decir, sin duda, que Cervantes se acordaba muy bien de estos sucesos históricos. Cardenio no sabe si la caída del feudalismo se debe a la monarquía o a designios de la Providencia, y prevé la ruina total de la aristocracia, porque no puede hallar el remedio quien desconoce la enfermedad que le consume. Ya se ve que Don Quijote y Cardenio pertenecen a la aristocracia; pero siguen distinto rumbo.

La condición social del primero es flaca, la del segundo estéril. A Don Quijote le infunden tristeza los males de la humanidad, y a Cardenio le llenan de furor los suyos propios. Uno es el Caballero de la Triste Figura y otro el Roto de la mala figura Era esta una especie de locura, cuyos raptos alternaban con la cortesía proverbial de la nobleza española.

Todas sus quejas se dirigen contra Fernando, nombre del Rey Católico, muy oportunamente traído a cuento por haber en sus días muerto el feudalismo. No sólo Cardenio, sino muchos historiadores, han motejado en esta guisa a Fernando el Católico. Con todo lo dicho, Don Quijote y Cardenio tienen muchos puntos de semejanza. La carta que halla Don Quijote en el libro de memorias expresa la infelicidad de todos los que sufren desdenes de la patria.

Aquí aparecen identificados Saavedra y el Roto, porque su situación era parecida, socialmente considerada. La epístola es así: Lo que levantó tu hermosura han derribado tus obras: Cervantes, desengañado de la patria, se refugia en el Quijote para desahogar su pena. España desdeñó a los sabios por ensalzar a los reyes. Amó a una patria hermosa, entrevista en sueños; pero la realidad deshizo su esperanza. Entonces Cardenio, el Roto de la Mala Figura, el Caballero de la Sierra, o del Bosque pues de todas estas maneras le llama el autor para indicar que representa una clase , estaría a la altura de Don Quijote.

Pero, históricamente considerado, el Roto es noble sólo por sus timbres, y el Caballero de la Triste Figura lo es también por condición natural: La aristocracia deja sin contestación los levantados ofrecimientos de Don Quijote y pide de comer al pueblo: A Don Quijote le traen al infierno sus virtudes, y a Cardenio sus pecados.

A este propósito recuerda Cervantes el cuento de las cabras. La historia de Cardenio es una síntesis de la lucha habida entre la aristocracia y el rey. El pueblo trabajaba; la aristocracia y el rey vivían del expolio: Con el nombre de Cardenio se expresa esto mismo: La aristocracia y el rey perseguían el mismo ideal, querían la posesión de Luscinda, que es la paz: Lucs inda , la estrella de Oriente, nuncio de redención.

La quieren exclusivamente para sí, ambicionan su paz, el triunfo de su fuerza. La aristocracia conoce y ama al ideal antes que el rey, porque, con ella, el poder absoluto desciende hasta el pueblo. La autoridad, que antes residía en un solo hombre, se divide y subdivide al nacimiento de la aristocracia: El trono, combatiendo a la aristocracia, no puede oprimir sosegadamente al pueblo, y poco a poco se va quebrantando su fuerza; a los nobles les sucede lo mismo. Estos pierden la autoridad antes que el rey; pero a la postre, ambas instituciones tienen que rendirse a la soberanía de la nación.

Aquí se sobrepone la literatura al simbolismo. Cardenio refiere las vicisitudes porque pasó la aristocracia. Fernando , dejando para otro lugar el mayor, que es el religioso.

En los primeros tiempos la aristocracia y el rey son buenos amigos. A Cardenio le satisface su Luscinda, y a D. Fernando la patria real, una labradora llamada Dorotea, vasalla del poder absoluto, y a quien goza el rey con título de esposo. Juntas la aristocracia y la monarquía van a la ciudad del califato en pos de los brillantes destinos ya se sabe que los caballos representan esto. En tal ocasión el poder real se enamora de la Luscinda; y despreciando a la patria, después de haber gozado sus tesoros, quiere poseer toda la autoridad, sin compartirla con Cardenio.

Al oírlo exclama Don Quijote: Esta inopinada salida de un loco hace reír a los lectores; pero en el fondo de la alegoría causa admiración ver cómo Cervantes enlazaba las ideas sin dejar rastro en la superficie. En efecto, el loco asiente a las palabras de Don Quijote. Sus tiros van principalmente contra Isabel la Católica, en cuyo reinado, como ya dijimos al hablar de D. Sin duda alguna se trata de Isabel la Católica y del Cardenal Cisneros Sin duda en su tiempo se murmuró de estos dos celebérrimos personajes, y aun creemos haberlo leído así en algunas historias.

Y muchos piensan que hay tocinos, y no hay estacas. Antes había ido Cardenio contra Fernando el Católico; ahora va contra su esposa Isabel y contra el Regente del reino: Cervantes, como todos los que se inspiran en lo ideal, no zahiere a las personas: Al defender a la reina contra la calumnia, luchaba en pro de la justicia.

Por esto dice también: Aquí lo trata en forma diferente. Cervantes aprovecha la ocasión para reflejar una de tantas guerras civiles como han fraguado los reyes. Cardenio y Don Quijote, proceden de la aristocracia: No obstante, riñen y se maltratan por la honra o la deshonra de la majestad.

Que es recia cosa, y que no se puede llevar en paciencia, andar buscando aventuras toda la vida, y no hallar sino coces y manteamientos, candilazos y puñadas; y con todo esto nos hemos de coser la boca, sin osar decir lo que el hombre tiene en su corazón, como si fuera mudo.

Estas palabras y las que anteceden quejas son naturalísimas, que arrancaba al viejo soldado de Lepanto, la opresión del pensamiento en aquella época desdichada. A esto se refiere el permiso de Don Quijote: Sancho quiere hablar no por dar gusto a la lengua, sino por ilustrarse escuchando a su caudillo.

Otra cosa fuera si hablasen los animales, como en tiempo de Guisopete, porque entonces reflexionaría, hablaría consigo mismo, esto es, con su jumento El héroe censura esta murmuración contra personas, y dice al pueblo que siga sus huellas, las del ideal, cuyas reglas sabe Don Quijote, mejor que todos los caballeros del mundo.

La misma pregunta podrían hacerse los lectores del Ingenioso Hidalgo. Y hallarían la contestación en estas palabras de Cervantes: Pero entiéndase que pinta a Carlos V no como fue, sino como había de ser, para dejar ejemplo de sus virtudes a los venideros hombres.

Esto es, que la situación del sabio coincide con la del Emperador en pobreza, no en poder. Con esta imagen, inicia un tema que desarrolla en la aventura de la princesa Micomicona.

Angélica es la religión cristiana, que en la época de Cervantes descendió al nivel del mahometismo, por su barbarie: Esta es la vileza que Angélica cometió con Medoro. Cervantes no era jefe de un Estado, como Carlos V; pero amaba a su patria lo bastante para sentir sus males y tratar de remediarlos.

Esta era la fineza de su negocio. No pudiendo regenerar a España, a causa de su mísera condición social, se retira a la Peña Pobre: Indudablemente, los sentimientos de este capítulo nacieron en la cautividad de Argel, juntos con aquellos proyectos de libertad, verdadera quijotada, que frustraron los malignos encantadores. La bacía, o corona de los reyes, sí la lleva; pero es para hacerse en ella la barba.

Cervantes advierte al pueblo que si la corona parece una bacía de barbero, es por culpa de los opresores. En esta ocasión no le sirve a Cervantes el yelmo ni otra clase de armas. Sancho añade a esto: Señalando así la diferencia que hay del vulgo al redentor.

Por otra parte, la pérdida del rucio y la libertad del caballo de Don Quijote eran necesarias para dar a Sancho la representación del héroe. También se refiere al Quijote: Sancho dice que deja a su caudillo en el purgatorio, y Don Quijote añade: Al mismo tiempo da a entender que Cervantes tenía esperanza de redención.

Don Quijote lo escribe en un libro de memorias. La había llevado en la memoria, en el libro de memorias. La verdad de esencia es que Cervantes, como todos los héroes, fía a la memoria del pueblo sus hechos hazañosos para que éste los transmita a la patria. Vengamos a otro punto. Dice Don Quijote a Sancho: Natural era que antes tropezara Sancho con sacristanes o curas que con maestros, en gran minoría respecto de los otros por aquella desventurada época; y en este supuesto naturalísimo hubiera sido que Cervantes dijera: Cervantes ya sabía que quien había de enterarse primero de la carta era el cura: En el mismo libro de memorias va inserta la cédula de los pollinos; para que no se tache al autor de desmemoriado.

La nación española no sabía leer ni escribir, ni había reparado en Cervantes Aquí se considera a la patria en sus dos aspectos, ideal y real. Asómbrase el pueblo al saber que Dulcinea es la misma patria que él conoce y admira a su modo.

Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen, estuviese ella rastrillando lino o trillando en las eras Para lo que quería Don Quijote a España, tan grande y digna era como la mejor del mundo; queríala para regenerarla, pues no era él como otros que se fingen ardientes patriotas para alcanzar renombre. Él se la imagina grande, y sublime, de tal modo, que ni Grecia ni Roma, ni ninguna otra nación antigua o moderna, la exceden en hermosura y en fama.

Con los encomios del caudillo, convéncese el pueblo de la alteza de España: Bien se ve aquí que el asno y Sancho son una misma cosa, aunque algunas veces se le olvida cómo se llama. Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo, y que no hay cosa que no sepa Temiendo Cervantes que el pueblo no se penetrase bien de la triste situación en que se hallaba, hace que Don Quijote inste a Sancho para que se quede hasta verle dar unas zapatetas, que son las que metafóricamente dio Cervantes en su estrechez.

No sabe Cervantes qué partido tomar en su desgracia: Lanzarse al combate era caminar seguramente a la derrota. Pero estaba solo contra la fuerza inmensa del sacerdocio y la monarquía. Vuelve a manifestar que la causa de su enojo es la perversión del cristianismo, tan semejante en su tiempo a la religión de Mahoma.

Ni aun la patria real tenía culpa: Don Quijote le imita por burla. En la primera edición se dice: Alguien debió de advertirle que era harta en aquellos tiempos, y en la segunda edición dio Cervantes nueva forma a lo escrito, diciendo que hizo el rosario de agallas, porque sin duda las tenía para hacerlo el verdadero Don Quijote. En este capítulo se indica nuevamente que Dulcinea es la patria: Con la añadidura del Toboso, se alude a la capital de la nación.

Cuando escribía Saavedra la primera parte de su libro inmortal, estaba la Corte en Valladolid; pero había estado ya en el pueblo del Oso y el Madroño. Por esto dice que tuvo oso Toboso. La alusión era muy oportuna, porque ambas poblaciones se disputaban entonces la capitalidad.

Por una ladera se iba al trono y por otra a la sede, y así, la sociedad tropezaba con el sacerdote y el rey, como Sancho. Ambas potestades van en busca de Don Quijote con el propósito de hacerle abjurar sus ideas. El pueblo no quiere descubrir a su caudillo; pero los déspotas, tocando el resorte de la calumnia y el terror, le obligan a ello, y él les descubre los planes del héroe, y les dice que lleva un mensaje a la patria. De esta manera, el sacerdocio se interpone entre Don Quijote y Dulcinea, entre el hombre y el ideal, y la patria no llega a enterarse del mensaje que la envían sus amadores.

Después le adula, ponderando irónicamente la buena memoria de Sancho. El héroe le promete una ínsula, la gobernación del Estado, y el sacerdocio un beneficio simple: Viendo estas tendencias del pueblo, enmudece el sacerdocio, y acude en su ayuda el poder real: Por el momento el sacerdocio y la monarquía prescinden de Sancho, y acuerdan representar una farsa para desviar al heroísmo, para torcer y desbaratar sus empresas.

No obstante, ya veremos cómo después echan mano de la España real para el mismo objeto. De esta manera siempre son ellos los autores morales de nuestras desdichas, y el pueblo quien trabaja en su propio daño, inducido por la falacia de reyes y sacerdotes, principalmente por Roma. De esta suerte, todos sirven a Roma: Y lo mismo ocurre en la historia: Vuelve éste a tomar la representación para la aventura de Sierra Morena, y el ventero queda olvidado o anulado temporalmente.

Para esto da la Majestad sus atributos al cura y el barbero, y éste se apodera de la cola donde el amo de la venta tenía colgado el peine. Acaso se esconde aquí un recuerdo del buey Apis, y por tanto, de la espantosa tiranía antigua. Todo lo cual induce a creer que la cola, tan bien defendida por la ventera en el capítulo XXX, es un símbolo de la autoridad real. De Don Fernando puede decirse lo mismo que del barbero y el ventero: La Majestad da al sacerdocio una saya y unos corpiños, y éste a ella en cambio una sotana; concesiones recíprocas de los dos poderes.

La saya y los corpiños eran de los tiempos góticos, en los cuales se celebró el consorcio de la monarquía y la Iglesia. Roma bendice la empresa, prometiendo rezar un rosario, aunque pecadora , porque Dios les dé buen suceso en tan arduo y cristiano negocio. La religión católica es como un puñal: La monarquía cede a las exigencias del sacerdocio; pero luego los dos inductores se valen del pueblo y de la España real, que vienen a ser lo mismo. En efecto, engañan a Sancho diciéndole que todo cuanto hacen va encaminado a libertar al héroe y a sacarle de la mala vida que ha escogido.

El pueblo cae en el lazo que le tienden los poderosos, les confía los secretos de su caudillo, y promete decirle que llevó el mensaje a Dulcinea. Así sucede en la historia: Así, los esfuerzos geniales que han llenado de maravillas el presente siglo, se concretaron entonces a guerrear en pro de la monarquía y el sacerdocio. He aquí la contestación que tuvo el mensaje.

Pero en resumen, las promesas del cura no habían de cumplirse: Todo fue para los sacerdotes y los reyes. Los héroes acudían solícitos al llamamiento de la patria, porque, como dice Sancho, ella era bastante a sacarlos de su retiro; peleaban, sí, daban su sangre, y volvían a su obscuridad perseguidos por la ingratitud, mientras los reyes cogían el laurel de la victoria, regado con la sangre de los pueblos.

Esto, en el mes de Agosto y a las tres de la tarde, había de ser sumamente apetecible. El contraste se reproduce a la continua en el Quijote: Aquí se reanuda la historia de Cardenio. Refiere sus desventuras pasadas, delante de la monarquía, que las causó. El relato del Caballero del Bosque viene a ser, en consecuencia, una exposición de agravios, o si consideramos al Roto como entidad pasiva un estudio de sucesos históricos hecho por los poderes en la literatura de su tiempo: Discreto cortesano le llama Cervantes.

El significado de los versos conviene tanto a Cardenio como al autor, y es natural que así sea, pareciéndose la situación de ambos, como se ha notado otras veces. Hay que hacer particular mención del soneto. En él se lamenta el Caballero del Bosque de que la justa paz esté en la tierra cubierta con un velo: Ahora resulta clara la estrofa que los correctores veían obscura Uno es el de que la monarquía y el catolicismo, representados por el barbero y el cura, estaban ya enterados del negocio de la aristocracia.

También debe notarse que los poderosos desean sacar a Cardenio, como a Don Quijote, de aquella miserable vida: Otro punto obscuro hay en opinión de los críticos: Parece que se habla del ingenio humano, de los grandes hombres que resucitan los casi muertos ideales y proporcionan al mundo, a las edades futuras, suma incalculable de bienes, ilustración y engrandecimiento. Considerando tan ardua tarea, sin duda, dijo Cervantes que el hilo de su historia estaba rastrillado, torcido y aspado.

Semejante al de Ariadna, este hilo sigue las vueltas y revueltas del laberinto interno del Quijote. Siguiéndole, vemos entrar en acción a Dorotea, que es la patria real, la nación española tal cual era en tiempo de Cervantes.

El retrato físico es tan aproximado al original como lo consiente una pintura hecha indirectamente: De modo que en esta descripción se ven los mares que rodean nuestras costas, el cuarzo de nuestro suelo, la entonación general del paisaje, las montañas cubiertas de nieve y el rutilante sol de España.

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