Prostitutas guerra civil prostitutas en sevilla este

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Sin embargo, por entonces los remedios se limitaban a evitar el contacto de los combatientes con las lugareñas. De poco les sirvió, pues aproximadamente uno de cada diez combatientes terminó con sus huesos en el hospital aquejado de alguna dolencia contraída por vía sexual. Hubo que esperar hasta la Segunda Guerra Mundial para que, mediante la llegada de los anticonceptivos y la penicilina , las bajas producidas por enfermedades de transmisión sexual se redujeran.

No obstante, la disminución fue escasa hasta unos 56 casos por cada millar de hombres. Por entonces, los militares sabían perfectamente que las dos infecciones a las que debían temer tanto como a las balas enemigas eran a la sífilis y a la gonorrea. Uno de cada tres contactos sexuales con una persona infectada en fase precoz resulta infectante.

Cartel contra las ETS de los aliados. Posteriormente, y si la dolencia no se trataba algo relativamente usual por entonces debido que en principio no provocaba molestias avanzaba a la siguiente fase.

Los sarpullidos de la sífilis a menudo son de color rojo o café y generalmente no pican. Otros síntomas pueden ser fiebre , dolor de garganta, dolores musculares, dolores de cabeza, pérdida de cabello y cansancio. La segunda enfermedad en discordia era la gonorrea , una dolencia que, aunque no llegaba a causar la muerte, podía suponer una verdadera molestia para el soldado.

Los nazis fueron los primeros en establecer varias medidas contra las enfermedades de transmisión sexual. La campaña de Polonia confirmó estos temores, puesto que las prostitutas locales causaron numerosos contagios entre los soldados. Los altos oficiales del ejército de tierra fueron las encargadas de ocuparse de este asunto. Su solución no fue otra que idear dos tipos de prostíbulos controlados y dependientes del ejército.

Curiosamente, sus trabajadoras podían ser profesionales del sexo a las que se pagaba o, simplemente, pobres desgraciadas atrapadas por los nazis que no veían otra forma de sobrevivir. El objetivo era sencillo: Para empezar, el soldado que quisiese pasar un buen rato entre disparo y disparo debía presentarse ante el médico del cuartel, que le hacía un examen médico exhaustivo para asegurarse de que no tenía ninguna enfermedad.

Burdeles grandes o pequeños. La oferta es enorme. Pero tampoco hace falta irse al extrarradio, a la oscuridad de la salida de una autovía.

En el centro de las ciudades abundan los burdeles y las zonas en las que las mujeres venden su cuerpo en plena calle y a la luz del día. Puede molestar o no, pero a nadie le extraña. En la actualidad, se calcula que hay alrededor de La Iglesia no cree que la ramera sea una amenaza para la familia; la amante, sí. Si se amplía la mirada -separando el foco del inevitable debate de si conviene regular o prohibir la prostitución, de si las mujeres que la ejercen lo hacen libremente o explotadas- y se pasea por la calle Montera de Madrid, a dos minutos de la Puerta del Sol, por el céntrico Raval de Barcelona o por cualquiera de los polígonos industriales donde las mujeres, llueva o truene, aguardan a los clientes, se percibe esa realidad de aceptación o de ojos vendados, como se prefiera en la que a muy pocos se les abre la boca de incredulidad ante el paisaje de minifaldas y escotes.

La prostitución se observa bajo una lente de normalidad. Los datos hablan por sí mismos. Lo que sí puede resultar inquietante, o cuanto menos curioso, es por qué un país de raíz católica tolera y visibiliza de esa forma algo que, teóricamente, es pecado.

De hecho, la Iglesia católica nunca ha sido adversaria de la prostitución. Para esta confesión, lo verdaderamente importante siempre ha sido la familia legítima", explica Guereña. Y la prostituta, al contrario que la amante, no ponía en peligro el matrimonio.

Los había, pero eran escasos", aclara el historiador. Y en , en plena dictadura franquista, los burdeles, cerrados durante la guerra, no solo volvieron a reabrirse sino que se oficializó la prostitución y se realizaban controles sanitarios a las meretrices. Pero España quería entrar en la ONU y fueron las presiones internacionales Naciones Unidas había firmado un decreto abolicionista las que motivaron el cierre de las mancebías en Lo que cualquiera puede observar hoy es la variedad de la oferta y su visibilidad, sea en clubes o locales de alterne de carretera o urbanos o en anuncios en prensa", asegura el historiador.

La socióloga italiana Licia Brussa, experta en estudios sobre la prostitución en Europa, también cree que en España este fenómeno es particularmente visible.

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Tan normal como el comer. Así respetarían la virginidad de sus novias formales. A cambio sabemos los nombres y las edades de las niñas. La campaña de Polonia confirmó estos temores, puesto que las prostitutas locales causaron numerosos contagios entre los soldados. No es obligatorio y no todos lo hacen", cuenta. La ingenuidad revolucionaria era patente, como apunta Javier Rioyo. Se suponía que todas, por definición, estaban infectadas. Puede molestar o no, pero a nadie le extraña. No pactamos con ellos, luchamos contra un sistema corrupto. Aminata, Victoria, Teresa… Crisafulli recuerda a la perfección sus nombres e historias. prostitutas guerra civil prostitutas en sevilla este

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